Alma Weslym: Mordiscos de realidad (Capítulo 4 Sombra Oscura) en proceso

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Alma Weslym: Mordiscos de realidad (Capítulo 4 Sombra Oscura) en proceso

Mensaje por SniperWolf1912 el Dom Sep 14, 2014 4:25 pm

Basado: En mi mente, todo inventado por mi.
Personajes: Alma y West. Otros.
Estado: en proceso 4/?
Género: Drama, suspense, thriller psicológico
Advertencias: De momento ninguna. Salvo posible violencia. +18


Alma Weslym: Mordiscos de realidad
Capítulo 1
La luz del faro


Spoiler:


Otra noche mas huyendo de esa sombra oscura que me persigue. Corro sin pararme a pensar si quiera donde puedo esconderme, pues da igual, siempre consigue encontrarme allí donde esté.
No puedo respirar, me paro un segundo para recobrar el aliento y miro hacía atrás. Acobijada en un tronco grueso y enorme puedo reposar unos segundos antes de volver a huir. Escucho el sonido de nuevo, ese silbido tormentoso como si me susurrara algo, pero no le entiendo, sólo se que debo correr e intentar escapar. 
Hace frío, la luna no aparece asomarse y la noche está muy oscura. Sólo llevo una linterna pequeña que no se de donde ha salido, aunque no importa, siempre acabo dando vueltas en círculo y no consigo salir del bucle.  
Algo despierta mi interés a lo lejos, parece una luz grande que gira. Entonces lo veo claro, ¿Es un faro? ¡Sí, es un faro!, no puedo creerlo, llevo una semana así y hoy hay algo distinto.
-Alma... Alma, vamos Alma....- Escucho mi nombre. ¿Es la sombra? Sigo mi camino hacía el faro, tengo la esperanza de que con esa luz acabe todo y pueda salir de aquí. ¿Qué es este lugar? Parece un bosque. Está solitario y vacío, no hay animales, sólo enormes árboles y esa maldita sombra. 
Veo un puente a lo lejos. -Me estoy acercando.- Pienso. Acelero el paso, corro todo lo que puedo y de repente no escucho nada. El sonido ha desaparecido, no hay luz, ni faro, ni puente, no hay nada. Estoy sumida en la oscuridad fría y negra.
-Alma... Alma, despierta...



Abro los ojos y suelto un quejido como si estuviera ahogándome, estoy despierta. Era un sueño, un maldito sueño que me lleva persiguiendo una semana. Cuando estoy dentro de él soy consciente de que estoy dormida pero no puedo hacer nada, la angustia es igual que si fuese real.


-Alma, ¿estás bien? - Me preguntó West preocupado.
-Sí... es ese sueño, otra vez. - Susurraba. -No entiendo por que no paro de soñar lo mismo.
-Estás bajo mucha presión, tienes mucho estrés, el trabajo, Andy y bueno luego está lo de tu embarazo. - Esta última palabra la dijo tan floja que casi no la escucho.
-Estoy bien, no soy la primera ni la última persona que sufre la muerte de su hija. - Me levanté del sillón donde había dormido y me fui al minibar. Me puse un vasito y la botella de Jack Daniel's. Me llevé la botella y dejé el vaso. Me tumbé en la cama.
-Se ve que estás fantástica, Alma. Cualquiera diría que has pasado por un mal momento.
-Guarda tu tosca ironía para alguna de tus amigas, ¿quieres? No tengo ganas de nada.
-¿De beber si?
-¿Y a ti que cojones te importa? - Di un trago a la botella y le miré. -Eres mi representante, no mi marido.
-¿Representante? - Preguntó apretando los dientes.- Llevas 3 meses sin escribir una puñetera página.
-¿Y qué mas da? -Me levanté de la cama, bebí de la botella y me paseé delante de él. - Desde hace 4 meses sólo soy la pobrecita Alma Weslyn, la pobre escritora fracasada y cornuda que sufrió la muerte de su hija. 
-Ey Alm...
-Déjalo. -Le hice un gesto con la mano. - La gente se preocupa mas por mi vida personal que por mis novelas.
-Venga, eres buena. Muy buena. - Me abrazó – Eres la grandiosa Alma Weslyn, la escritora de suspense.
-No hay ningún sitio en el pueblo donde entre y no me miren con cara de pena.
-Mira tus logros Alma, eres una eminencia de la novela oscura.
-No West, ahora soy una borracha fracasada e inútil que no es capaz de escribir una puta página coherente. 


Me eché a llorar, ya no podía mas con esta situación. Todo se ha ido a la mierda por mi culpa y por mas que intente escapar no puedo. 
Encontré a mi marido en la cama con una puta que se hizo pasar por mi amiga, perdí a mi hija de un año me he vuelto alcohólica y adicta a los barbitúricos... y ahora estas terribles pesadillas me persiguen.


-Al, ¿por qué no nos vamos de vacaciones a algún lugar apartado? -En sus ojos había esperanza de una respuesta afirmativa por mi parte.
-¿Quieres que mi desgracia sea aún mas conocida? -Puse una falsa sonrisa.
-Te estoy hablando en serio Alma, quizás necesitas empezar de cero en otro lugar.
-¿Recuerdas cuando Andy y yo fuimos de viaje el año pasado a Jester?
-Sí, ¿Qué pasa?
-Pasa que me conocía toda la maldita ciudad. Su biblioteca tenía una estantería entera con mis libros.
-Algún sitio habrá donde no te reconozcan.
-¿Algún país donde no se hayan publicado mis libros? - Pregunté en serio esperando una respuesta agradable, algo bueno tenía que tener el día.
-Pues... debería llamar a la editorial, pero seguro que algún sitio hay.
-Ah West, quiero una copia de todos mis libros. ¿Puedes traerlos hoy?
-¿Y tus ediciones?
-En casa. -Volví a beber. -Con el resto de mis cosas, incluso el colchón al que le quiero prender fuego.
-Te puedo acercar allí y cogerlos tu misma.
-No quiero ir a esa casa en un tiempo, ¿por qué te crees que voy de motel en motel desde hace 3 meses? ¿por turismo?


West agachó la cabeza. Era consciente de que era muy dura con él, mas no lo merecía. Me había estado apoyando desde el comienzo de mi carrera, siempre estaba a mi lado, no era sólo mi representante, era un amigo y él quería ser algo mas, estaba segura de eso desde el momento que lo contraté. 
Alzó la mirada y con un interrogante en la cara habló.


-¿Por qué quieres ahora tus libros? - Es lógico que los pidas, ¿pero por qué ahora?
-Lo de mis pesadillas me es muy familiar.
-¿Has pensado que deberías dejar el Jack Daniel's y los barbitúricos?
-Trae mis putos libros West. -Le tiré uno de los cojines de la cama a la cara- Haz lo que te pido, por favor.
-Al, son pesadillas, ¿por qué le buscas los tres pies al gato? Estás bajo mucho estrés y otras sustancias, no te sugestiones.
-Llevo...una...puta... semana...¡así! - Iba hablando palabra a palabra mientras me acercaba a él, cabreada y muy bebida.
-Te traeré los libros. -Hizo una pausa- Aunque antes date una ducha y deja la botella. -Me la quitó de las manos- Voy a hacerte un café.


Suspiré resignada y me fui a la ducha. Dejé que cayera el agua caliente por mi cara, por mi cuerpo... por mi vientre. Puse mis manos en el y cerré los ojos... la angustia me invadía, y me senté en el plato de ducha y me abracé las piernas. Hundí la cara entre mis rodillas y mientras el agua me reconfortaba comencé a llorar en silencio. 
No podía parar. ¿Hay algo peor que perder un hijo? Daría lo que fuera por tenerla en mis brazos de nuevo.
Me daba igual mi carrera, me daba igual todo yo la quería a ella, quería a Andy. Me culpaba por la muerte de nuestra hija y prefirió engañarme con una guarra en la que yo confiaba. En nuestra propia cama. 


-Alma, ¿estás bien? -Me llamó West.
-Si. -Me levanté y seguí duchándome. -Enseguida salgo.


Me enjaboné y mientras me aclaraba disfruté un poco mas del agua sobre mi cuerpo. Era tan relajante... por un segundo me evadía.
Cogí el albornoz y una toalla para el pelo. Me sequé y salí del baño. West me esparaba con una taza de café que olía de maravilla.


-Perdóname.- Le confesé con lágrimas en los ojos. -Gracias por el café.
-Eh.- Me puso su mano en la cabeza y me dio un beso en la frente. - Si  vuelves a pedirme perdón me enfadaré de verdad. -Sonrió.
-No se que haría sin ti, West. Eres lo único que me queda, lo único en lo que puedo confiar aparte de Maya.
-Ay, Maya, esa desarrapada me va a oír. -Cerró los ojos y dejó salir un quejido.
-¿Qué pasa con ella? -Di un sorbo al café, la verdad es que estaba buenísimo y me sentaba mejor que el alcohol sin duda alguna.
-Tenía que haberme entregado hace tres días el ejemplar de su novela para dársela a la editorial. Prometí que la llevaría y me está haciendo quedar mal.
-Te diría que la llamaras pero estará pasando su borrachera.
-Si. He tenido una suerte con vosotras dos...-Y puso cara de disgusto. -Es broma Al, estoy muy contento de trabajar con vosotras.


Sonreí, y con un poquito mas de ánimo fui a ponerme la ropa al baño. Cuando salí, vi a West hablando por el móvil con lo que parecía ser la editorial.


-Bien. Me pasaré por ellos esta tarde....Sí..Está bien, sobre las cinco pasaré entonces. Gracias Luck.


Me miró y me dedicó una sonrisa.
-Bueno nena, esta tarde iré por tus libros.

Alma Weslym: Mordiscos de Realidad
Capítulo 2
La cabaña del lago



Spoiler:
Seguía en un viejo Motel de carretera esperando que llegase West con mis libros. Le había llamado un par de veces al móvil y me saltaba el contestador. Seguramente estaría reunido con Luck negociando alguna novela nueva. 
Estaba segura de que no sería mía. 


Me serví una copa y me fui a la cama a tumbarme un rato, miraba al techo con el vaso en la mano sin dejar de pensar en los últimos meses. 
Mi atasco con la escritura, mi pelea con Andy, mi hija... era mucho para procesar. No podía escribir y era culpa de todos mis problemas personales. En lugar de refugiarme en mi trabajo me refugiaba en el alcohol y las pastillas. 


El chirrido  de la puerta me sacó de mis pensamientos. Era West acaba de llegar con mis libros. 
Los revisaría uno a uno hasta dar con lo que buscaba. Estaba segura de que había visto esas pesadillas antes, y lo que era mas inquietante, estaba segura que las había creado yo.


-Te he estado llamando un buen rato West, ¿donde demonios estabas?
-Venía de camino y no podía cogerlo. - soltó la caja que traía y me miró con una cara que me preocupó. - Todo estaba lleno de policías.
-¿Policías? - Pregunté extrañada. - ¿qué ocurre?
-Ni idea. Pero algo gordo.
-Tenemos que irnos de aquí . -Me puse nerviosa y fui al armario por mis cosas.
-¿Qué?  ¿Por qué?
-Lo que menos me conviene ahora es estar en un lugar donde vendrá la prensa.
-Pues si quieres que nos vayamos tenemos que hacerlo ya, este lugar estará en televisión pronto. - Me advirtió mientras miraba por la ventana . - No sólo hay periodistas Alma, estoy viendo vehículos de CNT.
-¡Vamos West!


Salimos del motel intentando pasar desapercibidos. Me puse una gorra, unas gafas de sol  y una chaqueta que me quedaba grande, intentando no llamar mucho la atención y pasar como una turista mas. 
 
-Ey disculpe. - Uno de los policías me llamó.
-¿Sí? - Respondí nerviosa sin darme la vuelta.
-¿Es suyo ese coche rojo?
-Eh...si ¿Ocurre algo agente?
-No, nada. Por favor ¿sería posible que lo quitara? Necesitamos espacio para los vehículos.
-Si claro, de hecho iba a eso ahora. - Rezaba para que no me pidiese que me mostrara.
-Muchas gracias, puede continuar.


Respiré aliviada y aceleré el paso a mi coche, me subí y cuando West se montó aceleré.


-Un momento Al, ¿Y mi coche que pasa?
-Vamos, tenemos que irnos, después te traeré.
-Dame un segundo – Se bajo del vehículo. - Tira tu, ahora iré yo detrás.


Arranqué y avancé hacía la carretera. La cosa se estaba poniendo fea allí, algo muy fuerte a tenido que pasar para que hubiera tanta prensa y tanto vehículo policial. 
Me puse el manos libres en el oído y llamé a West que me seguía de cerca con su coche.


-Tienes que cambiar de coche West – Le dije mirando por el retrovisor mientras sonreía.  - Eres un hombre de prestigio como para ir en ese cacharro.
-¿A donde vamos ahora? - Me cambió de tema.
-En la habitación del motel había unos folletos promocionales de un pueblo que hay por aquí cerca.
-¿Alma Weslym la paranoica quiere ir a un pueblo?
-Bueno, es un pueblo rural en el que la gente suele ir en la época de caza. Tengo entendido que hasta dentro de dos meses no habrá turistas.
-¿Y eso como demonios lo sabes?
-Llamé ayer... me tentaba la idea de un pueblo solitario para descansar.
-Creo recordar que esa idea fue mía y no te hizo gracia.
-Tienes razón West, todo este asunto me está haciendo perder la cabeza. - Suspiré triste. - Después hablamos cuando lleguemos, sígueme todo el camino.


Durante todo el camino no volvieron a entablar conversación, siguieron la carretera haciendo caso a las indicaciones que había en pequeños carteles. 
Estaba anocheciendo y la oscuridad estaba ganando terreno poco a poco. Hacía frío y el silencio era cortado por el viento que se podía escuchar incluso con las ventanas cerradas. 
A lo lejos se veía como un foco de luz, un punto rojizo que se veía aislado en medio de la noche tapado por el bosque que abrazada la carretera. Conforme me acercaba ese punto iba creciendo, dejando ver la luz. Cuando llegamos vimos un coche de policía y uno que parecía deshabitado, como si lo hubieran dejado abandonado por alguna razón sin previo aviso. Ahora veía que era esa luz que veía a lo lejos. Eran Bengalas de emergencia que había puesto la policía.


Fui despacio hasta el policía que había mas cercano y bajé la ventanilla del coche mientras paraba.


-Perdone. - Llamé su atención. -¿Qué ocurre?
-Nos han informado que estaba este vehículo abandonado en plena carretera. 
-¿Se puede pasar? Vamos al pueblo de al lado. 
-Ir por esa zona de allí, pegaros lo mas posible a la curva de la derecha.
-Gracias Agente.


Avanzamos despacio intentando no pensar en lo que había ocurrido. Era normal verse coches abandonados....¿Desde cuando Alma?  Me gritó mi mente.
Había algo raro en todo aquello y mi cuerpo se heló al ver unas ligeras manchas en el capó del coche al pasar por su lado.
Rápidamente vi que esa sangre estaba acompañada de una abolladura, ese coche necesitaría pasar por mucha chapa y pintura desde luego. Había atropellado a un animal, parecía un ciervo lo que había por alrededor tirado en el suelo.


Supuse que me estaría acercando a la zona de caza del pueblo donde íbamos.


“Welcome to Rural Hunting” 
Ese era el cartel que nos dio la bienvenida al llegar al pueblo. Aparentemente todo tranquilo, sin nadie que molestara u observara nada. Me tranquilizó saber que por una vez podría sentirme libre de prejuicios y miramientos por parte de los demás. 


Paramos el coche y entramos en una pequeña cafetería que vimos brillar en medio de tanta oscuridad de la noche. Era discreta, pequeña... y de pueblo. Tenía ese toque peliculero con baldosas blancas y negras, animales disecados en las paredes y una camarera de mediana edad en la barra con una gran jarra de café. Estaba sola, apenas había dos viejos con pinta de moteros que me miraron al entrar. Me sonrieron y le devolví la sonrisa. 
Llevaban un pañuelo en la cabeza, chaqueta de cuero y varios adornos de metal. Parecían los típicos moteros que amaban la carretera y el peligro. Claro que con su edad no estarían ya para esos trotes.


Detrás de mi entró West. Se quedó mirando a la camarera con cara de bobo.


-Dos cafés por favor.


Le hice un gesto para sentarnos en una mesa aislada de la poca clientela que había. Dejé mi bolso a un lado y le miré.


-Tenemos que encontrar algún sitio para quedarnos aquí, no se, puede que esa camarera quiera recomendarte algo - Le guiñé un ojo.
-No entiendo de que hablas. - Se hizo el disimulado.


Me había dado cuenta de que le había gustado y me alegré por él. Vimos que se acercaba con la jarra de café y dos tazas. “Buenas noches” nos dijo y nos sirvió.


-Gracias. - Miré su placa . - Rensy. 
Sonrió.
-Disculpe, acabamos de llegar al pueblo y no sabemos donde buscar alojamiento. ¿Podría recomendarnos algún sitio donde pasar unos días?
-Hay un sitio no muy lejos de aquí donde el dueño, Stanly tiene una cabaña cerca del bosque.
-Gracias, ¿nos puede indicar como llegar allí?
-Déjeme mirar, creo que tengo un folleto por aquí que puede serles de ayuda.
-Muchas gracias, Rensy.




Nos habíamos tomado el café cuando vimos a Rensy coger una bandeja y acercarse a nosotros. En ella había una jarra de café, dos platos pequeños con algún dulce y un papel.


-Tome, aquí en este folleto hay un mapa con la ubicación para llegar. 
-Gracias. - Cogí el papel y vi que nos servía los platos con una especie de postre. - Lo siento nosotros no hemos pedido nada mas.
-Invitación de la casa.  - Sonrió mientras nos servía mas café.  - Han venido en una época poco transitada por los turistas, lo menos que puedo hacer es hacer que se sienten cómodos aquí. Además que no pueden irse sin probar la especialidad de la casa. Es la mejor tarta de manzana de todo el condado.
West y yo nos miramos y aceptamos el presente de recibimiento.


-Muchas gracias, es muy amable.


Terminamos de comer y nos fuimos, lo mínimo que podíamos hacer era dejarle buena propina por tanta amabilidad. 


Eran pasadas las 10 de la noche. Siguiendo las indicaciones del folleto de Rensy llegamos a una zona apartada, cerca del lago. Me bajé del coche y sólo escuchaba el silencio y los sonidos de distintos animales que no se apreciaban con la vista. Fui a la casa que había y llamé a la puerta. Al cabo de unos segundos me abrió un hombre de unos cincuenta y tantos, canoso, con barba y pelo largo atado con una coleta. Vestía de una manera muy rural. 


Me miró de arriba a bajo.


-Buenas noches, ¿es usted Stanly?
-Si, soy yo. - Me dio otro repaso con la vista. - ¿Quién es usted?
-Me llamo Alma Weslym. Me han recomendado que hable con usted para un alojamiento durante unos días.
-¿Viene sola?
-No, él es West.  - Señalé a mi representante y amigo para que el hombre le viera. - Rensy, la camarera, me ha dicho que poseé una cabaña que nos podría alquilar.
-Si, claro. Pasen un momento por favor. - Me indicó con un gesto que pasara por delante de él.
-Gracias. West vendrá en seguida.  - Dije mientras escuchaba cerrar la puerta del coche de mi compañero.


Alma Weslym: mordiscos de realidad
Capítulo 3
Hágase la luz


Spoiler:

Cuando entré en la cabaña de Stanly me quedé frente a la puerta, junto a él, esperando que West se decidiera a entrar. Mientras tanto observé de arriba abajo el lugar donde vivía ese hombre.
Sin duda alguna le gustaba la caza, se podía ver en las paredes varias escopetas colgadas, cabezas de ciervo y otros animales disecados y en el suelo tenía unas alfombras de piel realmente preciosas. Lo único que me sorprendió fue ver como al lado de las armas de caza tenía revólveres colgados. Nunca había escuchado que se utilizaran para esta práctica.


Salí de mi ensimismamiento cuando Stanly llamó mi atención. Asentí, aunque no había escuchado nada de lo último que había dicho.


 - Alma, ¿estás bien? - West se acercó y me preguntó cerca del oído. - Pareces distraída.
 - Perdona. - Me disculpé con una sonrisa. - Estoy un poco cansada hoy. ¿Podría repetirme lo último que me ha dicho, Señor Stanly?
 - Le decía, señorita.... - Me miró con la boca entre abierta. - ¿Como ha dicho que se llama?
 - Alma. - Intenté evitar mi apellido, pero sabía que realmente me preguntaba por eso. - Weslym, me llamo Alma Weslym.
 - Me resulta familiar. - Se puso un dedo en la barbilla intentando recordar de donde me conocía. - ¿Ha venido usted antes por aquí? 
 - No, es la primera vez que vengo. Tengo un nombre muy común. - Intenté evadir un poco la situación.
 - Lo dudo señorita Weslym, es un nombre algo extraño. - Continuó sin dejar de mirarme. - Como le decía señorita Weslym tengo una cabaña cerca del pozo del pueblo, es la única que hay y lleva un tiempo sin ser habitada. Las condiciones habitables no serán las mejores.
 - Sólo serán unos días, podemos acostumbrarnos para tan poco tiempo.
 - La última vez que fui... - añadió mientras se acercaba a un mueble que había en su pared y lo abría. - La luz no funcionaba con normalidad, tenía que utilizarse el agua del pozo por que las tuberías de la cabaña estaban estropeadas y la calefacción no era la mejor.- Sacó una llave y me la entregó. - ¿Aún quiere esa cabaña?
 - Claro, como hemos dicho, sólo serán unos días. No busco un hotel de cuatro estrellas ni una suite de lujo. - Cogí la llave pero algo en mi desconfiaba de esta situación, parecía como si no quiera que fuera su inquilina.
 - Usted decide, yo sólo debo informarle, no me gusta mentir a mis huéspedes.
 - Le agradezco su sinceridad señor Stanly.


Habíamos terminado de negociar el pago y ahora estaba explicándome con un mapa sobre la mesa como llegar a la cabaña del pozo. Se dirigió a una especie de baúl que tenía en una de las habitaciones y sacó una linterna y un paquete de pilas. Me pareció extraño, normalmente cuando alquilas una casa no te suelen dar este tipo de presentes.


 - Como le he comentado, la electricidad no está en sus mejores condiciones, será mejor que se lleve esto por si lo necesita.
 - Gracias. - Acepté lo que me dio con agradecimiento. En sus ojos había un tipo de sentimiento que no lograba descifrar.
 - No quiero ser inoportuno pero, ¿A qué se dedica?


Me puse nerviosa ante la pregunta y reaccioné mirando a West con cara de no saber que decir.


 - Soy escritora . - Dije finalmente rezando por que no me conociera.
 - Ya veo... - Por extraño que parezca no pude descubrir si estaba sorprendido o no. - Por eso me sonaría su cara, señorita Weslym.
 - Bueno, será mejor que nos vayamos, necesitamos descansar del viaje. - Intenté escabullirme antes de que hablásemos mas de mi profesión o de mi.
 - Si claro, perdone.  - Se disculpó y se dirigió a la puerta, la cual abrió y me cedió el paso con caballerosidad. - Tenga cuidado señorita . - Le miré con cara de interrogación por recomendación.  - La noche en este pueblo suele ser muy oscura por que el bosque no deja entrever mucha claridad y hay un camino que no es precisamente corto hasta la cabaña.
 - Gracias, tendremos cuidado. - Salí por la puerta y antes de irme definitivamente me giré. - Señor Stanly...
 - ¿Sí?
 - Le agradecería que mi visita quedase entre usted y yo, ya sabe como es la gente cuando alguien que no es anónimo viaja a algún pueblo.
 - Por supuesto. Aunque dudo que Rensy no le haya comentado nada al respecto.
 - ¿Por qué lo dice?
 - Ya se de que me sonaba su cara. - sonrió. - Cuando me dijo que era escritora caí en la cuenta de que le había visto en la cafetería de Rensy. Siempre anda con un libro en la barra cuando no está sirviendo y uno de ellos era suyo.
 - Pues no me comentó nada, se mostró muy agradable pero nada mas.
 - Es camarera y con el tiempo ha comprendido que la discreción es lo mejor, no le dirá nada si usted no se lo pide.
 - Realmente me alegra oír eso. Se está haciendo tarde, gracias por todo.




West y yo nos subimos cada uno a nuestro coche y pusimos rumbo hacía nuestra futura estancia. Stanly tenía razón, la noche allí era excesivamente oscura, si no tuviera los faros del coche encendidos sería imposible avanzar. No era como en la ciudad o en los pueblos normales que siempre había algo de luz por la luna, aquí la luna era extraña y los árboles tapaban la poca luz que generaba. 
No se oía nada en la carretera, absolutamente nada. Todo estaba muy desierto, solitario y no se escuchaban ni los animales que se deberían oir. 
Llegamos a la cabaña y nos bajamos del coche. 


Era una cabaña típica, de madera, con un pequeño porche donde había un banquito blanco desportillado.
La puerta principal estaba cubierta por una fina tela de araña en la esquina y en el pomo, señales de que como había dicho Stanly, había estado sin inquilinos un buen tiempo. A unos pasos de las escaleras del porche había un pozo enorme, mas grande de lo normal con un cubo en la parte de arriba. En el extremo del arco había una figura de un cuervo. 


Entramos en la cabaña y el olor a humedad y cerrado era muy evidente. Pulsé el interruptor y a pesar de los avisos del dueño, la luz se encendió, aunque tintineaba todo rato de manera desagradable hasta que finalmente se apagó.
Salí fuera a buscar el generador mientras West se quedaba en la cabaña a oscuras alumbrando con su móvil. Me había llevado la linterna para encontrar los fusibles. Entré en una pequeña instalación techada que había cerca del pozo y de la casa y ahí estaba, un gran generador. En una mesita de al lado había una pequeña caja con fusibles, los cambié y vi desde la puerta que la luz de la casa se veía por la ventana. 


Entré dentro y busqué a West, supuse que había subido arriba así que mientras bajaba fui al coche por mis cosas. 


Hacia algo de  frío, intenté poner el calefactor y al tercer intento por fin arrancó, aunque era cierto que no iba muy bien, pero al menos nos haría la noche un poco mas llevadera. 
Me senté en el sofá, saqué de la caja que me había traído West hoy mis libros y le eché una ojeada por encima. Saqué mi primer libro. 


"Alma Weslym: El extraño reloj"


Encendí una pequeña lámapara que había en la mesita auxiliar, me tumbé en el sofá y me eché una manta por las piernas. Abrí el libro y justo cuando iba a comenzar a leer o mas bien a echarle un ojo intentando encontrar algo, los gritos de West me interrumpieron.


Bajaba por las escaleras corriendo con gran excitación.


 - Ey Al, adivina que he encontrado. - Podía ver en sus ojos que tenía un brillo como el de un niño pequeño, después de encontrar un nuevo juguete.
 - ¿Que West?
 - Sube, tienes que verlo.
 - Iba a leer mi libro, ¿no lo puedo ver mañana?
 - Te va a gustar, creeme.
 - Está bien. 
Me levanté del sofá sin ganas pero había sido un día largo y lo último que me apetecía era discutir o enfadarme. Cosa que no tardo en pasar. 
Cuando subí las escaleras y entré en la habitación que me estaba señalando pude ver una máquina de escribir encima de un escritorio con un fajo de folios en blanco al lado.


 - ¿Qué es eso? - Pregunté con ligera indignación.
 - Una máquina, como la que usas tu. 
 - Si, eso ya lo sé. ¿La has traído a traición?
 - ¿Qué? ¡No!  Estaba ahí.
 - ¿Pretendes qué crea que esta máquina de escribir estaba aquí, con la casa?
 - Eso te digo Alma, la he visto aquí, yo no he traído nada.
 - Es el único objeto de la casa que está limpio, sin polvo y sin telarañas. ¿crees qué se limpia sola?
 - Pues ahora que lo dices...
 - No puedo creerlo West, me dices que estoy sometida bajo mucha presión y tu me traes una máquina de escribir.
 - Alma yo no...
 - ¿Qué hay del, necesitas descansar, estás bajo mucho estrés, no debes agobiarte...?
 - Hablando de eso. Mira.- Me entregó un folleto en la que salía un loquero para escritores . 
 - ¿Qué coño es ésto? - Tiré el papel al suelo.
 - ¿Ahora crees qué necesito un psiquiatra para escribir? ¿Qué cojones pasa contigo West?
 - No es cosa mía. - Se disculpaba una y otra vez. - Te juro que estaba todo en esta habitación.
 - Me cuesta de creer. Acabamos de venir a la única cabaña en toda la zona y de casualidad. - Señalé con la mano al escritorio. - Nos encontramos, no espera,  te encuentras tú, una máquina de escribir, unos folios y un panfleto de un doctor que según pone ahí ayuda a escritores frustrados.
 - ¿Crees qué lo he preparado yo? - Me preguntó sorprendido.
 - Yo no se que creer, esto es tan raro que no se que pensar. No veo muy normal que en un pueblo de caza haya alguien que trate a escritores. Podría entender que hubiera alguien que trate a cazadores, pero a escritores...¿Esto es una broma? Por que si lo es no tiene gracia.


Estaba muy cabreada, había confiado en West, sabía todo de mi vida al igual que sabía que escribir para mi se había terminado y que era imposible. La situación en los últimos meses se había hecho insostenible y no podía centrarme en escribir ni un sólo párrafo mas.
Quizás él había preparado todo esto, quizás había puesto los folletos de este sitio allí, en el motel, para traerme aquí y hacerme escribir de nuevo. Después de todo mis libros habían generado éxito tanto en su carrera como en la mía y el dinero mueve el mundo, incluso a los amigos. 


Sentía una parte de decepción mezclarse con la pena, la frustración y la ira. Salí de la habitación dando un portazo y me bajé al salón. Volvimos a sufrir un apagón y salí a arreglar ese maldito trasto otra vez. Cuando escuché a West llamarme entre gritos. 
Estaba muy cabreada e ignoré su llamada. Oí un fuerte golpe y cuando miré vi una sombra oscura cerca del pozo que se desvaneció al instante. Pensé que podía ser de algún pájaro o algo similar, producto de la poca luz que había. No veía nada, no escuché a West volver a nombrarme. Fui a la parte donde estaban los fusibles y los volví a conectar. La luz volvió.


Me metí en la casa y llamé a West, pero no respondía. Subí a la habitación de arríba y vi a mi amigo en el suelo, boca abajo. No se movía no hablaba, estaba inconsciente y no había signos de que se hubiera dado ningún golpe. 
Saqué mi móvil para llamar al 112 y no tenía cobertura. "Malditos pueblos" maldecía mientras tiraba el móvil.


-Eh West, venga, espabila. - Le zarandeaba pero no reaccionaba. - Vamos hombre, no puedes ni discutir con una chica, si deberías estar acostumbrado ya. - Bromeaba con la situación. - Vamos reacciona.


Acerqué mi oído a su pecho a ver si lograba escuchar su corazón. Estaba vivo pero no reaccionaba, como si se hubiera desmayado. Me pregunté que le podría haber pasado por que hasta hace unos minutos estaba bien. La idea de que le hubiera dado un infarto la descarté. No sabía que demonios le había ocurrido para quedarse así. Lo arrastré como pude a la cama y me senté a su lado esperando que volviera en si.

Alma Weslym: Mordiscos de Realidad
Capítulo 4
Sombra Oscura


Spoiler:
Abrí los ojos y me encontré en el suelo, completamente sola y empapada en agua. La luz se había ido, me hayaba en la mas absoluta oscuridad y sin West a mi lado. ¿Cómo? Me pregunté al mirar a un lado y otro de la habitación. Ese como encerraba varias preguntas de las que me encantaría encontrar respuestas.
¿Cómo había acabado ahí sola? ¿Y West? ¿Por qué estoy mojada? ¿Cómo ha pasado todo esto?


Caí en la cuenta de mis pesadillas, estaría viviendo una y me tocaría escapar de ella.
Me puse en pie y bajé las escaleras gritando el nombre de West. Abajo estaba todo tal cual lo dejé, la caja con mis libros y la manta en el sofá. 
La puerta estaba abierta. Bajo mis pies descalzos pude notar el suelo húmedo, con ligeras huellas de pies que parecían mios. El aire frío soplaba, colándose entre mis huesos y haciendo que me estremeciera. 


Salí al porche y no vi ni rastro de mi amigo. Observé detenidamente hacía donde llevaban mis huellas y me sorprendí al descubrirlo. 
Caminé sobre ellas despacio y alerta por si algo me atacaba me acerqué al filo del pozo. El agua estaba cerca del borde y el viento la hacía moverse provocando pequeñas salpicaduras a su alrededor.


Por instinto, miré al suelo donde encontré una página en blanco con algo escrito en ella. Sin saber como había llegado hasta allí, en el folio estaba escrito a máquina "Mordiscos de Realidad: Chapter 1".
Fue la novela que empecé a escribir cuando mi hija murió, las ideas las tenía mas nunca escribí nada de la novela, salvo un par de párrafos y el título para ella. 


Estaba convencida de que esta pesadilla era fruto de mi miedo, mi subconsciente, mis ganas de que mi pequeña volviera. Pues nadie sabía de su existencia, ni siquiera West sabía de mi intención de escribir. Nunca pude continuarlo, jamás pude volver a escribir después de lo que me pasó.


En mis pesadillas sombras negras me acechaban, me perseguían y me martirizaban hasta que por fin encontraba una luz en la que poder refugiarme y despertar.  Siempre eran en el bosque, lejos de mi mundo real. Esta pesadilla era diferente, era tan real que me asustaba aún más. 


Me metí en la casa nuevamente, subí a la habitación donde había estado con West y donde me desperté. La máquina de escribir seguía en su sitio, en ella otro folio en blanco con la misma frase "Mordiscos de Realidad: Chapter 1", aunque esta vez tenía algo escrito en ella.


"Llegué al pueblo donde ella existía y pude encontrar la conexión para traerla de vuelta. Mas no había forma sin el sacrificio necesario. Hay que hallar el equilibrio de alguna manera..."


El párrafo estaba sin terminar y por alguna extraña razón me sonaba aquella frase. No tenía sentido tal cual estaba escrito, pero si sabía que lo había hecho yo y recordaba varias ideas para mi novela en las cuales las palabras de aquel párrafo estaban.


Sentí un escalofrío azotando mi espalda, cuando me di la vuelta vi a alguien envuelto en oscuridad frente a mi, mirándome con desdén desde sus ojos marchitos. No pude echar a correr, estaba paralizada, cualquier intento por huir era en vano. Mi pesadilla estaba siendo mas fuerte y me estaba echando pulso en el cual yo llevaba las de perder. Esa sombra goteaba, estaba empapada igual que yo cuando me había despertado en esa habitación. ¿Por dónde ha entrado? ¿Apareció así sin mas? 


"Debes terminar lo que empezaste, Alma. Debes traérla, debes cumplir tu misión o cargarás con algo más en tu conciencia".


Sus palabras sonaban aisladas, huecas y sin vida. Debo reconocer que estaba muy aterrada por la forma en la que tenía de hablarme. Nunca antes habían sido así, las pesadillas jamás estaban tan vivas. 
Me cogió del brazo y noté como mi cuerpo se encogía y sentí el frío y el dolor agudo de lo que estaba viendo a través de ese ser extraño que me acompañaba. Con los ojos cerrados y mi cuerpo encogido pude ver imágenes de West saliendo por la ventana mientras esa sombra que estaba conmigo se lo llevaba. Ambos se perdían en el pozo.


Cuando abrí los ojos vi a la sombra desaparecer ante mí, llevándose consigo el papel que había en la máquina de escribir. La perseguí hasta el pozo y antes de llegar perdí la consciencia.






Escucho voces, ruido, un jaleo que no conozco y personas que no se quienes son. Cuando abro los ojos veo una luz que parpadea de color rojo y azul. Veo la policía cerca, escucho médicos y estoy en algo que no puedo identificar. 
Veo alguien que se acerca a mí, me mira y me sonríe. Se me hace familiar su cara y no logro saber por qué. Estoy en una camilla, ahora lo veo claro, me están subiendo a una ambulancia y siento frío. 
Entre sollozos pregunto por West pero no le veo. No se que ha pasado y todo es muy confuso. No logro recordar nada y siento como mis ojos empiezan a cerrarse solos sin poder impedirlo.


Alguien me zarandea y me despierta diciendo mi nombre. Es ese hombre que había estado conmigo antes, en la ambulancia. Pero no puedo identificar quien es. Siento mi cuerpo pesado, incapaz de ejecutar un movimiento por si solo.


 - Buenos días Alma - Me alegó mientras me daba un pequeño vaso de plástico con agua. - ¿Qué ideas tienes hoy en mente para escribir? 
 - ¿Quién es usted? - Pregunté aturdida.
 - Soy el doctor Harrison. - Me echó una ojeada en los ojos. - ¿No te acuerdas de mi nombre?
 - ¿Qué ...qué ha pasado? - La confusión no me había abandonado, no sabía donde estaba ni quien era él ni por qué estaba con un doctor. - ¿Dónde estoy?
 - Pasa que hoy te has dormido. Pensé que te habías memorizado los horarios de la clínica. - Estaba extrañado por mis preguntas, mas la confundida era yo.
 - ¿Dormido? ¿ Qué hago aquí? 
 - ¿Cómo que qué haces aquí? Hace dos días que te trajimos y has estado internada escribiendo.  - Sonrió apuntando a un escritorio. - Te dije que podrías conseguirlo si confiabas en ti misma.
 - ¿Escribir? No recuerdo nada de eso. - ¿Qué hago aquí? Yo estaba con West en una cabaña y no recuerdo haber venido.


El doctor se acercó al escritorio que había en la habitación y cogió unos folios de al lado de una máquina de escribir.  


 - ¿Qué es lo que recuerdas Alma?
 - Vinimos al pueblo, estuvimos en la cafetería de Rensy y ella nos envió con Stanly para alquilar una cabaña.  Y después West y yo discutimos y se quedó inconsciente. Yo me desperté ... - Por algún motivo recordé la pesadilla de aquella sombra oscura hablándome, pero no lo mencioné. - Y estaba aquí. - Evité mencionar el tema de mis pesadillas.
 - Es extraño señorita Weslym, pero parte de lo que usted recuerda... - Me dio el taco de folios que había cogido. - Lo escribió aquí. Está confusa, puede que el accidente le hiciera mas daño de lo que pensamos.
 - ¿Accidente? ¿Qué accidente? ¿Dónde estoy? -Pregunté confusa.
 - Debíamos hacerle unas pruebas para comprobar su estado.
 - Por favor, ¿puede responderme?
Es un poco largo de contar, te diré sólo lo necesario para no confundirte mas. - Sacó de su carpeta un papel y me lo extendió - Verás Alma, estás en mi clínica, como te he dicho soy el doctor Harrison, especializado en psicología. Creé esta clínica hace unos 20 años con la finalidad de ayudar a gente que tuviera problemas. 
Miré su cara mientras intentaba procesar sus palabras. Me interesaba saber como había llegado allí y donde estaba West lo demás no me importaba.


 - Es un pueblo pequeño, con pocos habitantes y la temporada de caza no es muy a menudo, por lo tanto los escritores tienden a irse a pequeños pueblos para aislarse y escribir. Es por eso que monté esta clínica, con la intención de ayudar a escritores con problemas. Desahogarse siempre es bueno y ayuda a despejar la mente, y mas aún a un escritor que tiene que tener una imaginación sin ataduras. 
 - ¿Y West? - Intentaba evitar responder a las absurdeces que me estaba diciendo.  - ¿Dónde está?
 - ¿West? - Se mostró indiferente. - ¿Quién es West, Alma? Sólo te encontramos a ti. 
 - Él venía... venía conmigo, ¿dónde está? - Miré a todos lados intentando encontrarle. - ¿Cómo he llegado aquí? ¿Quién me encontró?
Recibí una llamada de la policía hace dos días. Te encontraron tirada en la carretera inconsciente, miraron tu documentación y vieron que te llamabas Alma Weslym. Vieron tus libros y supusieron que eras escritora y me llamaron a mi. Te reconocí y supe quien eras sólo con tu nombre. 
 - No. - Negué con la cabeza . - Yo llegué a este pueblo anoche, estaba en la cabaña del  señor Stanly, discutí con West y se desmayó.
 - Alma... - Suspiró y me miró con cara como si yo estuviera loca. - La policía quería mantenerte encerrada por la desaparición de un hombre y les convencí de que te dejasen aquí conmigo.
 - ¿Desaparición? - No entendía nada. - No, yo...yo estaba con él. En la cabaña.
 - No llegaste a ninguna cabaña Alma. Te encontraron en mitad de la carretera en tu coche al lado de otro, empapada de agua. Ambos coches abiertos. En uno estabas tu y en el otro había rastros de sangre y estaba vacío. Se que están buscando al dueño del vehículo, sólo cuentan con la documentación que había dentro pero no se quien es. Esos datos no los da así como así la policía. 
 - ¿Esto es una broma? ¿Es alguna idea de West para que usted me trate y volver a escribir?
 - Señorita Weslym, usted se internó aquí por su propio pie.
 - Me ha dicho que le llamó la policía y que usted me trajo aquí.
 - No. - Se subió las gafas que resbalaban por su nariz. - La encontraron y usted tenía dos opciones, irse con ellos a los calabozos o venirse aquí conmigo bajo mi vigilancia. Cuando se despertó y le conté lo que había pasado usted decidió internarse.  - Abrió su carpeta y sacó un papel. - Aquí tiene la prueba. Alma, has firmado una autorización para internarte tu misma, es tu firma.
Estaba muy muy confundida, asustada, sin saber que estaba pasando y por que todo esto estaba tan extraño. Había perdido la noción del tiempo, parte de mi memoria y lo mas importante, había perdido a West y no sabía si estaba bien o no.
 - Lo siento tengo que irme, tengo que encontrar a West. - Me levanté de la cama e intenté irme pero el doctor quería impedirlo. - Si usted dice que firmé para quedarme también elijo que quiero irme. 


Me quitó las manos de encima y se apartó. Antes de salir de la clínica entró por la puerta una pareja de policías. Sin que me dijeran nada supuse lo peor e imaginé que vendrían por mi.


 - Alma Weslym, queda detenida por la desaparición de Franklyn West. - Dijo uno mientras sacaba las esposas y se posicionaba detrás de mi. - Tiene derecho a guardar silencio. - Prosiguió. - Cualquier cosa que diga podrá ser utilizada en su contra ante un tribunal. Tiene derecho a un abogado, si no tiene se le asignará uno de oficio.
Me sacaron esposada del edificio sin poder siquiera defenderme ni explicar nada. Oí como el doctor Harrison me decía que lo sentía y que lo había intentado.


Me metieron en el coche y me llevaron a la comisaria del pueblo donde me metieron en una jaula para criminales. 
Lo que daría ahora por una botella de Jack Daniels para pasar esta maldita pesadilla que se había vuelto realidad. 
No estaba sola en el calabozo, tenía un compañero de celda que estaba en una esquina donde el sol de la pequeña ventana no pasaba. Sentado en el suelo con las piernas encogidas y la mirada perdida no paraba de repetir una y otra vez:  Ella vendrá y entonces será tarde.


Cansada y sin resignarme aún a todo lo que estaba pasando me senté en el camastro que había en la parte derecha de la celda. Metí la mano bajo el cojín sucio y mal oliente para acomodarme un poco y encontré algo. 


Una hoja de papel en la que ponía: Mordiscos de Realidad: Chapter 2.


El sol se puso y la celda estaba quedándose a oscuras, fue entonces cuando las luces de la comisaria se encendieron, dejándome ver a mi compañero tirado en el suelo con los ojos abiertos de par en par.
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SniperWolf1912
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Virgo Femenino Caballo
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